13 de noviembre de 2009

LA IMAGINACIÓN


En ocasiones el que la conducta utilice el criterio de la razón no supone desacreditar el ámbito de la imaginación, fuente de la creatividad, la locura controlada. Pero cada cosa en su sitio.

La ciencia – ficción es el desbordamiento de nuestra imaginación y lo disfrutamos como tal. Esto no significa que lo confundamos con la realidad y por tanto que lo utilicemos para concluir en decisiones que afecten a nuestra vida o a la convivencia y vida de los demás.

La lectura P.Ej. del horóscopo, lo que alguien ha imaginado y escrito, no debe condicionar nuestra vida. Se impone la razón al saber que lo que el horóscopo dice no tiene ningún rigor científico, a lo sumo, intuiciones y tendencias más o menos creíbles y generalistas.

¡No hay dos horóscopos iguales!.

La fe es el ejercicio de creer a ciegas, eliminando el razonamiento, tiene la ventaja del efecto placebo. Pero la aplicación de este principio no nos lleva a ninguna situación ni sitio determinado. Se abre entonces un alto grado de incertidumbre en el resultado. Tiene efectos paliativos sobre el desasosiego del ser por conocer la verdad, lo cierto. A pesar de este efecto balsámico sobre el espíritu, es lo que es, en ocasiones un paso previo al conocimiento.

Cuando tenemos un quebranto en nuestra salud, por ejemplo, acudimos al médico para resolverlo. Utilizamos la razón. Si la resolución no nos satisface o no hay resolución entonces acudimos a la imaginación, nos entregamos a curanderos y sanadores. Si esto tampoco resuelve nos entregamos a la fe, a Dios.

Esto es lícito por el respeto al individuo que decide en libertad.

Pero si aceptamos la razón con sus limitaciones, con sus reglas, con su ignorancia, no tendremos que inventarnos nada. Con esto basta.

Importante es que la razón se llene de valores negando el estereotipo de la misma como única y purista. Intrínsecamente la razón es única y purista, pero puede convivir con lo que todavía desconoce. A la razón también se le puede pegar la emoción, lo intangible no explicado.

Es común pensar que la razón niega las emociones. El pensamiento humanista que aquí se describe compatibiliza lo riguroso de la razón con la libertad y sensibilidad de la emoción.

Lo humano no puede negar la realidad de la imaginación, porque está en nosotros y hacemos uso de ella.

csl 24/11/01

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