26 de agosto de 2010

El valor de lo Impúdico


Asistimos con perplejidad, asombro, bochorno, violencia,,,, cada cual según su sensibilidad, a tertulias de personas pertenecientes al mundo político, social y de la comunicación que se les presume con una cierta cultura y conocimiento. Cuando descubrimos que son personas ignorantes que se atreven a opinar de todo, la ignorancia es muy atrevida, en la que anteponen descalificaciones y provocaciones ante un argumentario razonado para provocar en un público borrego, que forma parte del escenario, el arranque de los aplausos, como si eso validara sus argumentos.

No tienen argumentario.
Esgrimen sus razones fútiles y vacías, cuyo objetivo es el insulto y descalificación con objeto de obtener notoriedad.
Se interrumpen para evitar que el de enfrente pueda articular cualquier razonamiento que pueda acabar en alguna conclusión.
Hay que defenderse a gritos en el debate.
Están ahí para defender su postura previamente fijada.
El valor de lo impúdico ético y moral lo cobran en euros.
Son simples en los razonamientos.
Su objetivo lo único que pretende es que le jalee un publico aborregado que sigue las instrucciones de un regidor de escena que forma parte del espectáculo patético que el realizador nos muestra en los salones de nuestra casa.

Algunos se hacen llamar “periodistas” y lo extraordinario es que los periodistas callan debatiéndose entre la defensa del corporativismo o la denuncia del mal hacer. Será por el temor del poder que da lo mediático. No son muchos los que se salvan.

Si tuviera un compromiso, me quedaría en la silla hasta el final por respeto, como no lo tengo, pienso, me he equivocado, rectifico, me voy.

© csl

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