23 de noviembre de 2009

EL PODER DE DAR LA PALABRA



Desde hace tiempo se habla de los poderes que mueven el mundo que es lo mismo que decir, los poderes nos manejan queramos o no. Tenemos la opción de entrar al sistema o excluirnos de él y en este caso seremos unos excluidos, nada positivo desde el punto de vista societario, pero en un alarde de autonomía e independencia podemos intentar la experiencia.
Mejor dicho tenemos la opción de excluirnos del sistema, porque en él ya estamos.
Si decidimos lo segundo, hace falta algo más que fortaleza y presencia de ánimo. Juegan con nuestra fortaleza síquica con la amenaza de tacharnos de enajenados (locos).
La situación se complica siempre que aparecen otras personalidades en nuestro entorno o en nuestras circunstancias, compañeros/as, hijos/hijas, personas dependientes de nosotros, padres/madres, familiares. Toda esta influencia va en contra de nuestras intenciones puristas de no entrar al sistema y chantajean nuestros objetivos, el fracaso de la opción es una cuestión coyuntural, de tiempo.
La vida tristemente nos viene a demostrar que los poderes sobrevuelan nuestras vidas, condicionándonos hasta el punto de acorralarnos en nuestros nichos que creemos invulnerables abocándonos al dicho “hay que entrar por el aro”.
El poder dinero está en lo alto de la pirámide, lo puede todo y puede “comprar” todo lo que está por debajo de él. Compra intenciones y voluntades, tiene un poder ilimitado porque hemos permitido que todos los valores tengan una conversión al valor dinero. Cuanto cuesta un riñón?, o una vida?. También le hemos puesto precio a los servicios, las recomendaciones, los consejos, la charla terapéutica, la compañía.
No necesariamente nacemos con poder dinero. Es un poder adquirido o heredado y depende de nuestro hacer el acierto en su gestión.
El poder político está a continuación, en él emana la decisión de convertir a los seres en héroes y villanos y decide sobre las economías, las imágenes publicas, los derechos de las personas. Es un poder que se basa fundamentalmente en las aptitudes del don de gentes, de la capacidad de convencer a las mayorías.
El poder mediático de dar el poder de la palabra corresponde al periodista que facilita o entorpece las opiniones personales y de grupo para que puedan ser compartidas por la Sociedad. Pero el periodista no es un ser anacoreta, como ser humano tiene unos principios y unas preferencias personales y laborales que le condicionan en su juramento “hipocrático” ante su audiencia, acólitos que le garantizan sus garbanzos.
Nadie es libre total, verdad?.
En la valoración de estos profesionales está su independencia y saberse acompañar de un equipo que no degenere en reinos de taifas para mantener esa deseada independencia.
La masificación aplaudida que nos da lo que podemos llegar a ser es también lo que nos puede condenar si no somos capaces de gestionar el volumen.
El poder publicidad, es una herramienta que utilizan todos los otros poderes con altas razones de libertad y democratización del sistema publicitario. Ya saben siempre podemos no verla para que no nos afecte. Chantajes sutiles en los que se enmascaran las altas razones y permisos para “comernos el coco”, vaya para convencernos. Una educada y delicada forma de decirnos exclúyase.
El mayor de los miedos que alguien puede sentir es directamente proporcional a la asociación ignorancia-poder. Se acuerdan del Sr. Bush.
Esto lo podemos extrapolar a cualquier ámbito de poder, así cobra valor el ejercicio de la autocrítica y de la mala práctica del corporativismo para tapar las indecencias que se cometen.
Ya ven las reglas están marcadas, el tapete listo y ahora ¡a jugar!.
©csl

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