9 de abril de 2013

Dios nos libre del día de las alabanzas



Dios nos libre del día de las alabanzas, podría ser perfectamente un frase de José Luis Sampedro. Se nos ha ido una referencia sincera, alguien a quien la moda, la publicidad, y otras artimañas del sistema no distraía, por eso sentimos ese vacío, porque su lucidez nos hacía de guía.

Un humanista en estricto sentido de lo humano, desde lo humano y para lo humano, un hombre bueno y comprometido, por esa razón no podía quedarse callado, sin embargo no hería con la defensa de sus convicciones y sufría y las defendía con su vehemencia. Hoy somos algo menos.

Su escenario no era el circo y cuidadosamente encargó a Olga su compañera y a su hija Isabel que no cediera ante la presión de lo arrebatador y mediático en que algunos transforman estos acontecimientos.

Murió la madrugada del Domingo a Lunes, a la primera hora, la una y nos enteramos hoy Martes a las 11:00. El amor es el amor y a Olga e Isabel las protegió escribiendo su voluntad de estricta discreción.

Da un poco de desolación pensar que Sampedro ya no está. Que de su experiencia de acomodarse en la orejera con lo más práctico para escribir, cobrara tanta vida. Aquella tabla, retal de no sé qué, tan antiestéticamente formal, que humildemente sirvió a la sonrisa etrusca y tantas y tantas ideas plasmadas y descartadas.

Su mayor enfado contra la ignorancia; su mayor temor, que la ignorancia se encuentre con la mediocridad y el poder; con aquél falto de personalidad que se subordina porque su carencia de talento no le permite mejor ocurrencia.

Un humanista agradecido y un poco más huérfano.

csl.

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