5 de mayo de 2017

La breve experiencia de un huésped en el Monasterio





Titulo redefinido que por pretencioso no me atreví a poner, porque me pareció que estaba sujeto a conclusiones de experiencias de poco peso. La experiencia monástica.

Tomé posesión de la habitación 15 de la hospedería después de una pequeña espera donde hubo de todo menos entusiasmo de acogida, reconozco mi culpa por no haber reservado, parece ser que era imprescindible, superado el contratiempo hice mía la 15, sobria en decoración y mobiliario, no es para menos estoy en el monasterio de Santa María de Sobrado, pero una ventana me comunica con la naturaleza y el color.
Una visión bucólica, prado con vacas, no podré decir del país, pues son frisonas, el prado si es desigual, las vacas se afanan en buscar el mejor bocado y los pájaros aprovechan oportunos, el escándalo de las vacas en los insectos al deambular, dando buena cuenta de ellos.
El prado limita con un arroyo cuyo cauce se adivina por el rosario de sauces que lo señalan.
Por fin he vuelto a Sobrado, quizás pasaron 54 años de aquella visita que tanto impactó a aquel niño de unos 11 años.
Tanto respeto al regresar desvela un cierto temor a las emociones que vuelvo a encender sin saber a dónde me van a llevar.

Un ligero ruido sordo del viento que pugna por entrar y que una ventana no muy eficiente impide.
Reflexionando sobre la situación me lleva a tantas y tantas veces en otra vida profesional donde mis pertenencias se contaban por lo mínimo imprescindible (cama, armario, mesa y silla) nada extraño y de relaciones desconocidas, a lo que el azar dispusiera.
Entre instalarse y reconocer el terreno pronto se acabó la tarde y llegó la hora de la cena ya me habían indicado la mesa a la que me sentaría compartida con un veterano de Sobrado, Luis y una parejita de Madrid, el con experiencia de Sobrado con los maristas. El menú sin florituras una sopa que podríamos llamar a la jardinera y pizza sin apellidos, eso sí agua o vino.
Finalizada la cena los comensales se pasan por el lavadero, lava sus platos cubiertos y vasos, los seca y los coloca, dejando la mesa lista para el desayuno.
Hasta este momento algunos modos diferentes dentro de lo sobrio pero poco impregnado de lo espiritual.
A las 21:15 en una estancia a modo de capilla con una iluminación y ambiente muy cuidado llena de sillas alrededor de un altar casi sin figuras se ofició el último rezo del día (completas). En unos minutos con gran puntualidad entraron los monjes ocuparon sus asientos cerca del altar, uno al órgano y comenzaron los rezos cantados que no eran gregorianos, eran mucho más dulces, que mi ignorancia lleva a decir marianos y me satisface la inventada.
Se prepararon las mentes para el descanso nocturno poniendo las vidas en esa desconexión que es el sueño, en manos de Dios, las distintas lecturas en zonas distintas  como un atril en el centro se destacaban iluminándolas previamente, una buena puesta en escena que consigue una buena predisposición para acometer el descanso nocturno.
Una aportación sin duda a mis ansias antropológicas.
La noche fue atemporalada con algunos chubascos que azotaron mi ventana dejando en los cristales la huella de su llanto.
Llego el nuevo día más benigno de lo que fue la noche, el desayuno a las 9 con los compañeros de mesa, las vacas volvieron al prado, el prado hizo de tapiz donde soportar la imponente sombra de las torres de la Iglesia de Sobrado. El día no ofrecía ni la opción del paseo, me di una vuelta por los alrededores al regresar metí el coche en el interior del monasterio en un jardín donde compartía compañía con otros coches. La comida puntual a las 14:00, de nuevo charla cortés con los compañeros de mesa, la comida frugal, sana y suficiente.
Decidí participar en los rezos de la tarde (Vísperas, eran a las 19:00, entretanto después de un ligero descanso, visite de nuevo los claustros, la cocina medieval y la iglesia fantástica y apabullante que pone a uno en un estado de gozo que quiere compartir. Hice unas cuantas fotos y llegaron las vísperas en la misma estancia que las completas fueron entrando los monjes ocupando sus asientos y comenzaron los rezos con una gran puesta en escena por parte del monje encargado (música e iluminación) de nuevo los cantos más dulces que el gregoriano, haciendo valer tanto como el canto los silencios recogidos y meditados.
La cena te lleva a las completas, el último rezo del día y preparación para el silencio del descanso nocturno.
Esa tarde, escudriñando el plan del día en un díptico en la habitación; en la contraportada constaba.
No dar paz falsa, Regla de San Benito 4/25, en la que el Santo advertía de los posibles efectos que en la psicología de los humanos puede obrar, el vivir ordenadamente, en paz y armonía; para no confundirlo con la llamada de Dios que es muy distinta y va más allá. Entiendo la defensa de que cada uno debe ejercer, pero diré lo siguiente para darme una salida, o lo entendí mal o se me antoja alguna contradicción profunda. El caso es que me sentí aludido, porque me sentí excluido.
Pero las relaciones humanas son maravillosas y aunque nadie está obligado a nada estuve muy a gusto con mis compañeros de mesa quizás por no haberme creado ninguna expectativa.
Soy espiritual porque soy HOMO y defiendo esa espiritualidad laica, pero no combato las alternativas, la defiendo porque encaja en mis planteamientos y así la entiendo.
csl.

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